28 ago. 2015

HELENA





Pronto será la hora de abandonar el espacio laboral hasta el día siguiente. Ordenará los papeles de la mesa del despacho, montará en su automóvil, pondrá gasolina, recorrerá unos kilómetros y pasará por el colegio a recoger a los niños. Luego, ya en casa, les preparará la merienda, Tomará una rápida ducha, se pondrá cómoda y recogerá esa colada perdida que quedó en el tendedero; después, agotadora sesión de plancha y organizar cada cosa en sus cajones y armarios respectivos antes de programar una nueva lavadora.

Como cada tarde, se acercará al súper con rapidez, no vayan a cerrar; a comprar esas cosas puntuales que debe controlar (cerveza, vino y aceitunas rellenas para su hombre y alguna golosina para los peques).  Bajará la basura y paseará al perro unos minutos por el parque cercano. Al regresar al hogar preparará la cena para que quede casi lista para la noche; y si tiene la fortuna de conseguir unos pocos minutos de asueto y relax, descalzará sus pies martirizados por los tacones acurrucada en un extremo del sofá; y mirará la caja tonta un ratito hasta que la llegada de su cónyuge le ponga otra vez en movimiento delantal en ristre, en dirección a su otro lugar de trabajo cotidiano, la cocina. Tras la cena, recoger y fregar los cacharros de la mesa, un espumoso baño a los niños, acostarlos con todo cariño, contar un cuento rápido al más pequeño y a repartir "Jesusitos de mi vida" con besitos de buenas noches a todos. Elegir y dejar listas la ropas para la siguiente jornada, incluida ella; y para terminar, dejar a punto tazones, platos, naranjas,  exprimidor, cereales, mermeladas, pan, y esas cosas del desayuno.

Cercana ya la media noche intentará reposar un ratito lejos del mundanal ruido para buscar un fugaz momento íntimo por el Face y echar un vistazo rápido al Whatsapp antes de retirarse ¡Por fin! a dormir y descansar en los brazos de Morfeo la dura y agotadora jornada laboral y doméstica...  A no ser que  su macho tenga el calentón subido y le dé por apagar esa noche, sin que sirva de precedente, el transistor y pasar de "El golazo" para reclamar a su hembra un poco de sexo a la carrera, un polvo conejero que le alivie la calentura antes de darle la espalda y dar comienzo, con exquisita puntualidad, a su virtuoso concierto sinfónico de cuescos y ronquidos.

Helena intenta relajarse, suspira. mira al techo y piensa en su amante secreto; en lo deseada que le hace sentir, la libertad que le ofrece, el respeto con que le trata y el intenso placer sexual que le regala; pese a no conocerse físicamente y a sabiendas de que seguramente jamás lo harán; separados por la distancia y los pormenores de sus vidas diferentes. Pero prefería cerrar los ojos, soñar y no pensar demasiado en ello para evitar caer (una vez más en su vida) de lleno en el oscuro pozo de la tristeza y maldecir al destino por no haber puesto en su camino a ese hombre que la enamora en otro tiempo o circunstancias.

"A su lado" de nuevo se considera mujer, de alguna manera revive en su vida actual las delicias del romance apasionado y su sexo,  tanto tiempo aletargado vuelve a sonreir.

Copyright © 2015 Max Piquer   Reservados todos los derechos



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5 comentarios:

  1. Es un relato que asemeja el interior de cada mujer que esta en la mismas circunstancia de Helena... se ve interesante.

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    1. Me alegra que te resulte de interés :9 Bsss

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  2. Respuestas
    1. Muchas gracias María!! Un beso enorme

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