19 jun. 2015

FANTASÍA



Se desnudaba muy despacio, la cabeza baja, mirando al suelo. Aún con cierto pudor, instintivamente tendía a esconder tras las manos las partes más íntimas de su cuerpo. Le costaba una barbaridad dar el paso definitivo, saltar libremente la barrera que levantaba su innata timidez. Era la primera vez que iba a prestarse a una experiencia así, a pesar de que muchas veces formó parte de sus sueños más calientes, aquellos que algunas noches le impulsaban a voltearse entre las sábanas con la respiración agitada y el sexo tan empapado como la orilla de una playa bañada por el vaivén de las olas. Sabía que estaba muy cerca de trasladar aquella fantástica ilusión a la realidad y que cuando la luz del sol despertara la mañana, sería muy consciente de todo lo sucedido la noche anterior. Ignoraba la sensación o el sentimiento que quedaría una vez enfriada la explosión de lujuria y el contenido calenturiento en el que se vio envuelta. Para bien o para mal la ficción habría dado paso a la realidad con todas sus consecuencias y eso le producía bastante inquietud. Sin embargo, se sentía capaz, dispuesta y preparada para asumir el riesgo. 

Amaba locamente a su marido, siempre se entendieron bien en la cama. La química funcionaba a la perfección, se deseaban locamente y a los dos les gustaba fantasear con nuevas experiencias sexuales. Se excitaban mucho con ello mientras hacían el amor y en sus prolegómenos. Pero últimamente sin saber ninguno de los dos la razón, sus relaciones se habían estancado, quizás por rutina o monotonía y sabía que la vida conyugal de ambos precisaba con urgencia algún revulsivo, añadir al guiso otras especias, nuevas emociones y posiblemente experimentar juegos más "atrevidos", convertir alguna de sus ilusiones más tórridas en reales, esperando con ello enriquecer su relación de pareja. Esa era principalmente la razón por la que tras muchos titubeos, había accedido a las peticiones de su hombre. Le resultaba complicado al principio entender como podía excitarle contemplar a su mujer entregarse a otro tipo, observar como lo excita, besa, acaricia, para finalmente entregarle el sudor de la piel, el sabor de su vagina y el calor de su cuerpo. Incluso pasó por su cabeza la posibilidad de que sus sentimientos hacia ella se hubieran apagado; pero él siempre le respondía que se equivocaba, que la calentura que le producía la situación en si, no era otra que la de contemplar desde fuera como su hembra le proporcionaba placer a otra persona, placer que él tan bien conocía. Apreciar su olor o el suave tacto de su piel a través del olfato y las manos del afortunado desconocido. Era como hacerle el amor a distancia a través de otro cuerpo, de otra dimensión. Finalmente, tales razones y la insistencia y entusiasmo que veía en sus ojos, terminaron por convencerla de tal manera, que en un arranque de sinceridad, le confesó que a ella también le producía un morbazo tremendo hacer el amor con un extraño en su presencia; que se trataba de una de las fantasías sexuales que más le calentaban. Todos estos pensamientos seguían fluyendo por su cabeza mientras ya semidesnuda, se cubría con el picardías que él le había regalado para lucir en tal ocasión. Quería que ella se mostrara al invitado lo más apetecible posible, como a él más le excitaba disfrutarla. Retocó su maquillaje y cabello cuidadosamente y calzando zapatos de fino tacón, se tumbó en la cama a la espera de que su nuevo amante entrara en la habitación. Su hombre lo haría poco después y sigilosamente se sentaría en un rincón de la estancia para observar sin perder detalle, según habían pactado. Cuando todo hubiera concluido, el candidato elegido se esfumaría. Nunca más sabrían de su existencia. 

Cuando el extraño abrió lentamente la puerta del cuarto, su corazón comenzó a palpitar como loco. Un par de minutos después, que le parecieron eternos, comenzó a sentir como tras quitarle ceremoniosamente los zapatos, pies y piernas eran masajeados con espectacular maestría; con delicadas friegas que a medida que iban avanzando hacia los muslos se hacían más y más irresistibles. Un manantial de flujo comenzó a empapar la braguita de encaje que cubría su sexo y como activada por un resorte, le ayudó a arrancársela literalmente, agarrándole firmemente las manos. Después las dirigió sobre sus senos con el fin de que los sobara y apretara Estaba fuera de si, creía morir de calentura. Nunca antes había conocido semejante sensación de impudicia. Entre jadeos, le preguntó su nombre y solo obtuvo una parca repuesta: ─Tom─ le contestó, respirando agitadamente. En respuesta, ella abrió las piernas de par en par y colgándose de su cuello varonil le obligó a tumbarse sobre su vientre. Le encantó su forma de besar, su aliento, el frescor de sus labios; al tiempo que palpaba la dureza del miembro que presionaba una y otra vez su pubis. Sin mayor preámbulo asió ese pene enorme, comprobó el grosor de las venas que marcaban su textura, la alta temperatura de su piel, su suavidad…y con resolución y avidez lo hundió hasta el fondo de su ser. Creyó explotar de satisfacción, nunca se sintió tan bien follada. Agotaron casi todas las posturas del Kamasutra, alcanzó orgasmo tras orgasmo hasta que transpirando con el cabello calado y totalmente agotada, se quedó profundamente dormida. Pasadas unas horas, el sonido del picaporte de la puerta la despertó súbitamente, 

Aún exhausta y atontada, abrió los ojos con pereza. El reloj de la mesilla marcaba las 7:30, amanecía. Confusa, se incorporó y sentada en la cama miró fijamente al hombre que acababa de entrar en el cuarto y se dirigía hacia ella. Su marido, esgrimiendo una gran sonrisa. ─¡Buenos días cariño! No tienes cara de haber dormido muy bien ¿verdad? Te has movido mucho durante toda la noche, pensé que tendrías alguna pesadilla. Se me hace tarde, me voy a currar; pero antes tengo algo que decirte, ¡Ya tenemos al candidato perfecto para cumplir nuestro excitante deseo!... Contactamos anoche por Internet, le hablé de nuestro juego y le encantó la idea. Te describí físicamente, él también lo hizo, le encanta la higiene y parece estar muy bien dotado, además. Te gustará, es un tipo amable y respetuoso. Le he dicho que venga esta noche a cenar y tomar unas copas. Lo pasaremos bien. Ya tiene nuestra dirección. Será puntual, estoy seguro. Le pasé unas fotos tuyas… ¡Le encantas! No olvides ir a la peluquería. Pide por teléfono al restaurante de la esquina algo para la cena y te pones la lencería que te regalé. ¡Será una gran noche! Ah, se llama Tom. Bueno, ciao amore, estoy deseando de que llegue la hora. Mmmm…Me pongo bruto solo de pensarlo. Dicho esto, se puso la chaqueta, cogió su maletín y se marchó sonriendo ajustándose la corbata. Ella no pudo pronunciar ni una palabra. Petrificada, solo pudo asentir con la cabeza. 

 Si alguna vez decides recorrer los misteriosos caminos que llevan al origen del deseo, nunca debes olvidar que, en ocasiones, el caudaloso río de la imaginación se desborda con tal virulencia que hasta puede ser capaz de vulnerar el límite de los sueños. Las fantasías pueden resultar confusas cuando dejan de serlo.


Copyright © 2015 MAX PIQUER.(TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS)



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4 comentarios:

  1. Encantado de que te haya gustado Sandra. Gracias por comentar

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  2. Al ser parte de un libro este relato, dan ganas de buscar el libro muy estimulante

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  3. Gracias Erick
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