9 may. 2015

CUENTO DE UN ILUSO



 Un día paseaba mi soledad por las largas calles del destino y de pronto, mirando al suelo, encontré un larguísimo beso que alguien perdió o dejó olvidado entre una pequeña montaña de escombros, excrementos y botellas vacías de licor de sentimientos. Creí que por fín el destino me hacía un guiño, lo recogí con cuidado y tras guardarlo celosamente regresé a casa contento y alborozado. Una legión de entes hacedores de sonrisas y satisfacciones me llevaron en volandas al Edén de la felicidad en un maravilloso viaje que nunca quise acabar. Pero como dijo un sabio artista, "Toda la vida es sueño; y los sueños, sueños son" y estos se escaparon de pronto como anguilas viscosas a través de un jodido bolsillo agujereado. Lo que el destino te regala, el destino te quita. 

Y ahora sé que los sueños no pasan de ser sueños, que la magia sólo existe en la imaginación, que el adulto ya no es niño por mucho que vista de pantalón corto y que esa sonrisa otrora limpia e inocente se torna grotesca y ridícula cuando las canas se aproximan. Que el oso Yogui no es más que un dibujo y que esas golosinas que tontamente te llevas a la boca ya no tienen la dulzura de antaño porque su sabor quedó fosilizado en la memoria de las décadas. Que ese amor soñado no existe sino en la pluma ilusoria de los poetas, que el sonido de los besos verdaderos es tan falso como la fría mirada de una estatua del jardín de las quimeras y además se malvenden o regalan copias al mejor postor. Que las palabras bonitas se producen en serie como en una cadena industrial. Que la mentira es siempre más fuerte que la verdad y que el desengaño sobrevive indefectiblemente a la ilusión. Que los Reyes eran los padres y un día se marchan dejándonos desnudos y desamparados. Que la soledad más dañina es la que pervive en el alma y no la destierra la compañía. Que la fidelidad es papel mojado, que la vida se escribe con secretos y patrañas; que el ego es insaciable y le alimenta más una lisonja que el más sincero y bello de los poemas; que el humano sólo es cómplice de si mismo y que follar es más práctico que hacer el amor.

Copyright © 2014 Max Piquer

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